Arte Dialógico

 

Fundamentos:

.......................................................................................................................................................................... Prof. Mario Arenas Navarrete


Esta propuesta reconoce a la sociedad contemporánea como compleja e imposible de ser relatada dentro de una sola dirección histórica. Del mismo modo, es inaceptable continuar manteniendo la univocidad de una sola narrativa. Aquella que instaló una ausencia, una negación del arte de latinoamericano, desconociendo su participación activa en la cultura internacional, percibida en función de un centro denominado “cultura occidental”. De allí que sus expresiones, -en la periferia- sean consideradas como una modernidad secundaria, dudosa, y en muchos casos carente de una especificidad y de una visualidad propia. Aunque desde fines del siglo XX se está produciendo un paulatino vuelco en estas concepciones universalistas y este conjunto de manifestaciones artísticas penetran con propiedad enfrentando espacios colonializados y globalizados por el Poder del Norte, aún queda un largo camino por recorrer para que estas tendencias epocales sean absorbidas por nuestro medio.


El Arte Dialógico implica un auditor-observador dinámico, autónomo y con capacidad de agencia, reconocido como sujeto, como individuo; activo participante de la función expresiva que la obra invita, que lo desafía a articular su propia mirada con la de un autor(a) desconocido o, a la inversa, la autora crea su obra sabiéndola inacabada, esperando la llegada de otros sujetos legítimos y con propios idiolectos, cronolectos, sociolectos para completarla. Manifiesta al mismo tiempo, a un compositor, una autora que se sabe pertinente a sus propios designos, que no permite ser deconstruido como sujeto, sino, por el contrario, valora su contexto, su centro de trabajo sin aspirar otros para dar espacio a su creatividad y expresividad. Está dispuesta mediante su obra y eventualmente, de quienes participen en el diseño y creación de su obra compartida, para acoger iniciativas inesperadas, inverosímiles, ¡inauditas! que surgen desde una Otra legítima, de un observador-activo finalmente complementario. De este modo expone sus signos interpretantes –transformándolos en significantes activos –representámenes peirceanos- y dinámicos, propios de la interactividad que la obra contempla. Abre también, un espacio para quebrantar fronteras que se inician en la mismidad: lo incompleto que conscientemente abre, acoge un espacio hacia un Otro, pero, no cualquier espacio, similar a la emergencia de una flor en ser polinizada, se constituye en un proyecto y deja de lado la inmanencia hegeliana y sus constructos y preceptos permanentes, fetiche que somete al intérprete para adaptarse a una totalidad en que ésta se constituye en contextos extemporáneos. El Arte Dialógico denota, exhibe su mutabilidad, finitud, temporalidad e inacabamiento. Se despliega de tal manera a la realidad, que deja de significarse como inexorable; ahora se muestra en un dándose explicitado, posibilidad concreta para superar lo fáctico, articulando el pasado con el presente y con lo imposible.

El cruce de fronteras de artistas y auditores-observadores dinámicos, nos lleva a la construcción de futuros ethos, pero, abiertos hacia Otros desconocidos y válidos; desde distintos marcos teóricos o teorías subjetivas, a las propias. Desde la mismidad apela al desarrollo de una intersubjetividad negociada y desde allí, hacia la alteridad, entrando de lleno en el ámbito científico de la interculturalidad. Una interculturalidad no referida exclusivamente a sujetos pertenecientes a claros patrones culturales distintos, sino, dando énfasis a aquellos grupos que por su aparente homogeneidad han pasado (casi) desapercibidos.

Su propósito final entonces, está dirigido hacia la comunicación, al cruce de fronteras entre diferentes sectores, gethos y fraccionamientos de la realidad. La mirada compleja es inclusiva en lo expresivo, pero, muy particularmente, conduce hacia instancias intersubjetivas y dialógicas, tanto en las representaciones como en las conductas lectoras, auditoras o ambas. Arte Dialógico comprende un recorrido sustentado en un sujeto dinámico que no se sumerge en su ontología sino, por el contrario, escapa a través de su focalización en un otro. La alteridad finalmente lo lleva a participar de una realidad nueva, compleja, difícil pero al mismo tiempo, plena.
Esta integridad completa al sujeto en una intersubjetividad con el Otro distinto y legítimo, que huele distinto, que habla distinto y juntos inician un camino en un nuevo ethos fundado en el un pathos y logos estético. Este es un duro camino, una utopía autoimpuesta y que por anclajes derivados de hábitos culturales, sufre permanentes contradicciones, desafíos que deben ser superados en una actitud tolerante hacia el Otro y hacia uno mismo para impedir ser doblegado en este esfuerzo por superarse a sí mismo en una natural epistemología del hábito.

La propuesta pedagógica consiste entonces, a través de los artefactos dialógicos, en abrir fronteras de la subjetividad y en ámbitos materiales y concretos, en las producidas por los mismos establecimientos educacionales, de tal modo que niños, niñas y jóvenes participen en encuentros planificados acuciosamente, priorizando en aquellos que se encuentran más alejados en ámbitos sociales, culturales y económicos. La generación de nuevos ethos se constituye en un valor sociológico, un sentimiento epocal que paulatinamente se está imponiendo en los nuevos escenarios.

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